Glovo, la startup que ofrece mensajería colaborativa

Una nueva apuesta por el consumo colaborativo ha llegado a Barcelona de la mano de Glovo, una app que permite a sus usuarios solicitar envío de paquetes o hacer pedidos y los entrega donde el cliente quiera en menos de 60 minutos. ¿Y cómo lo consiguen? Gracias a los glovers o mensajeros que transportan los pedidos. La aplicación puede detectar la posición de los mensajeros y los clientes cuando se solicita un pedido, y el primer glover que ve la notificación realiza rápidamente el encargo.

Glovo

Todo se gestiona con la app, desde los pedidos hasta los pagos, y el cliente puede ver mediante geolocalización qué mensajero está más cerca y cuál es su recorrido en tiempo real. El medio de transporte que utilizan para realizar las entregas es la bici o la moto, excepto los fines de semana, que también pueden utilizar el coche. Cuando reciben sus pedidos, los clientes pueden valorar al glover para que los demás usuarios tengan referencias.

El horario disponible es de 9 de la mañana hasta las 12 de la noche, y cada servicio tiene un coste de 5’50 euros más el precio de los productos adquiridos. Si el pedido requiere pasar por más de un comercio, se cargarán dos euros más al coste final.

Esta startup ha captado 140.000 euros en su primera ronda de financiación con inversores del sector online en España, y aunque de momento sólo funciona en Barcelona, tiene pretensiones de expandirse por más ciudades del territorio español.

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El auge del consumo colaborativo

El consumo colaborativo se ha convertido en un concepto cada vez más extendido en Internet. Día tras día descubrimos nuevas plataformas online basadas en la colaboración que facilitan y revolucionan nuestro estilo de vida, ofreciéndonos múltiples posibilidades como compartir coche para viajar, intercambiar casas u ofrecer plazas de parking privadas. Esta nueva economía está haciendo que las startups vean grandes oportunidades de negocio.

colaboraciónNadie podía imaginar hace unos años que compartir coche con desconocidos o alojarte en casa de un particular con el que contactas a través de Internet iba a convertirse en algo normal. Sin embargo, el consumo colaborativo es algo que ha existido desde siempre entre particulares. En Internet, uno de los mayores ejemplos de esta tendencia convive con nosotros desde el año 2001: Wikipedia. Esta enciclopedia, editada colaborativamente por sus usuarios, tiene más de 37 millones de artículos compartidos y es una referencia en difusión del conocimiento a nivel mundial.

Según Rachel Botsman y Roo Roger, autores del libro “What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption”, existen tres categorías dentro del consumo colaborativo:

  • Productos que se ofrecen como servicios y pueden ser compartidos o alquilados entre particulares.
  • Redistribución de objetos que ya no se utilizan y se regalan, intercambian o venden.
  • Estilos de vida colaborativos: gente con necesidades o intereses similares se unen para compartir e intercambiar elementos como el tiempo, el espacio, habilidades, etc.

En España, cada vez nacen más startups que ofrecen servicios basados en la colaboración. Ejemplos de ello son Tutellus, la plataforma colaborativa para enseñar y aprender a través de cursos; Gruppit, una plataforma online que organiza cenas en restaurantes para grupos de gente con intereses e inquietudes similares; o Wallapop, una app que permite a los usuarios comprar y vender productos de segunda mano a personas que están a su alrededor. A nivel internacional, Uber, Airbnb o BlablaCar son algunas de las más destacadas.

Aunque la movilidad y el turismo son los sectores más demandados en el consumo colaborativo, existen otros muchos como la moda, la educación y las finanzas que también se están sumando a este exitoso fenómeno.